La situación con el CD Unión Malacitano
Hace apenas unas semanas, el CD Unión Malacitano se presentaba en sociedad con el objetivo de convertirse en el segundo club de la ciudad. Con colores blanquiazules, respaldo institucional y la promesa de competir en Segunda RFEF, Daniel Pastor defendía que no venía a sustituir al Málaga CF, sino a complementar la oferta futbolística de la capital. El anuncio despertó curiosidad entre la afición, ilusión en algunos sectores y también cierto escepticismo en otros, pero lo que nadie esperaba era que el primer obstáculo llegara tan pronto y con tanta fuerza: la Real Federación Española de Fútbol ha rechazado el traslado de sede desde Murcia, donde el club sigue inscrito como La Unión Atlético, dejando al equipo atrapado en un limbo burocrático.
La resolución obliga a que, a efectos federativos, el equipo siga siendo murciano. Es decir, aunque entrene en Málaga, vista con identidad malagueña y se haya presentado aquí, sus partidos oficiales deben disputarse en territorio murciano. La situación ha generado sorpresa y desconcierto en la administración de la entidad, que ve cómo la llegada de un nuevo club a la ciudad queda en entredicho incluso antes de que ruede el balón.
¿REGRESO A MURCIA O PULSO POR MÁLAGA?
Desde el club ya han anunciado recurso contra la decisión, acusando a la RFEF de frenar de forma arbitraria un proyecto que contaba con apoyo del Ayuntamiento y la Universidad de Málaga. Si ese recurso no prospera, el futuro inmediato pasará por jugar en Murcia, probablemente en Totana, en el estadio Juan Cayuela. Para un proyecto que había nacido con la ambición de dar a Málaga otro equipo en categoría nacional, sería un golpe demoledor: pasar de soñar con un debut en la Federación Malagueña de Fútbol como sede a tener que regresar a tierras murcianas.
La pregunta que se hacen ahora muchos aficionados es clara: ¿será el Unión Malacitano realmente un club de Málaga o quedará como una propuesta efímera de verano? El pulso se juega en los despachos, pero la sensación en la calle es que el tiempo corre en contra y que, sin una resolución favorable, Daniel Pastor podría quedarse sin el que prometía ser su nuevo equipo en Segunda RFEF.